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El consenso en la práctica del BDSM

Siempre que hablamos de BDSM salen a relucir los términos “consenso” y “consensuado”. La mayoría de recursos que la comunidad BDSM pone a disposición de la gente que entra nueva se orientan precisamente a ese consenso. Hablo de checklists, de recomendaciones para tomar un “café de límites”, de consejos para negociar o de  crear palabras de seguridad (por poner solo cuatro ejemplos). Y no es solo que el consenso sea necesario, sino que es sexy, erótico, divertido y bonito.

Sí, la idea del consenso permea toda la cultura del BDSM. Pero ¿de dónde viene?

El consenso es sexy

El consenso es sexy

SSC, RACSA y consenso

Uno de los estigmas con los que ha cargado siempre la comunidad de personas que practican sexualidad no convencional (sadomasoquismo, fetichismos, parafilias, ataduras… todo lo que hoy se conoce como kink) es el del maltrato. Este sambenito se ha aplicado en especial a las prácticas de BDSM, que muchas veces incluyen dolor, humillación o dominación. Es lógico que, desde dentro del mundillo, se haya hecho un trabajo constante para separar el BDSM del maltrato.

En 1983 David Stein, un activista de la escena sadomasoquista homosexual, propuso un estándar de tres elementos que permitirían diferenciar una práctica sana del maltrato:

  • Safe (seguro): todas las partes implicadas han tomado las medidas de prevención adecuadas, conocen los riesgos posibles y usan material en buen estado.
  • Sane (sensato, muchas veces traducido de forma incorrecta como “sano”): las partes tienen plena capacidad de decidir. En otras palabras: saben diferenciar entre la realidad y la fantasía, no están alteradas por cosas que hayan pasado fuera de la sesión, no han consumido alcohol o drogas, etc.
  • Consensual (consensuado): las partes están de acuerdo sobre lo que va a pasar, la intensidad de las prácticas que se van a realizar, etc.
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Chapa con el logo SSC

La idea de Stein era crear una ética que no se basara en las prácticas realizadas (tal práctica es buena, tal otra es mala) sino en la forma en que se llevaban a cabo esas prácticas. El consenso se convierte en uno de los elementos centrales de esta ética BDSM. Pero el problema es que el estándar SSC se vio muy pronto superado. En el momento en que se generalizó, empezó a usarse como arma dentro de la comunidad: se afirmaba que tal o cual persona no realizaba prácticas seguras o sensatas, y que por tanto era peligrosa. Esta aplicación tan simplista del estándar llevó al propio Stein a desmarcarse del mismo.

Apareció así el término RACK, que en español suele traducirse como RACSA: riesgo asumido y consensuado para prácticas de sexualidad alternativa. Este estándar asume que las prácticas de BDSM van a tener siempre un riesgo inherente (sea éste físico o psicológico) y pone el acento en que todas las partes implicadas conozcan ese riesgo y lo asuman de forma voluntaria. Desde la perspectiva RACSA se rechaza el derecho de los terceros a interpretar la sensatez o seguridad de una práctica consensuada.

 

¿Por qué consenso y no consentimiento?

La centralidad que tiene el consenso en el imaginario BDSM puede parecer extraña desde fuera. Al fin y al cabo, normalmente cuando hablamos de sexo la palabra que usamos es “consentimiento”, no “consenso”. Decimos que lo importante es que la relación sea consentida por ambas partes. Incluso se hacen vídeos para explicar el consentimiento comparándolo con tomar una taza de té. ¿Hay diferencia entre ambos términos? Creemos que sí.

El consentimiento es importante. Entre otras cosas, a nivel legal marca la diferencia entre el sexo y el delito. No queremos rechazar la relevancia que tiene el consentimiento. Pero, para que una relación sexual sea satisfactoria para todas las personas participantes, el consentimiento no es suficiente. Hay que tener en cuenta que el consentimiento puede ser pasivo. Una persona escucha las fantasías de su pareja y, por las razones que sea, se deja hacer. Consiente sin verdadero deseo y participa en algo que no le apetece demasiado. Lo que ha pasado no es delito (asumimos que el consentimiento se ha prestado de forma libre y válida, sin coacciones) pero tampoco ha sido placentero ni bonito. Y aquí la idea es que disfrute todo el mundo.

El consenso va más allá del consentimiento. Es siempre activo, por definición. Remite a una idea de deseo compartido: no es que una persona quiera hacer algo y la otra lo acepte, sino que ambas lo desean y pactan los términos en que se va a llevar a cabo. Por eso hablamos de consenso y no de consentimiento, y por eso lo consideramos tan importante en la práctica BDSM. Porque la sexualidad no convencional se compone de decenas de prácticas distintas, y una persona puede tener distintos deseos y distintos límites para cada una de ellas. Si el consenso es siempre importante en el sexo, en el BDSM lo es más.

Si no es consensuado NO ES BDSM

Pero no podemos limitarnos a ver el consenso como un medio orientado a un fin. Si hacemos eso, caemos en la trampa de entenderlo como un elemento casi burocrático, un simple trámite que hay que cumplimentar antes de pasar a la sesión, que sería la parte divertida del asunto. Y eso lo desvirtúa por completo. El consenso es transversal: debe presidir por completo toda la relación BDSM, desde las primeras tomas de contacto hasta el aftercare. Incluso podríamos decir que tener unas relaciones más consensuadas en todos los ámbitos de nuestra vida es un fin en sí mismo.

 

Cómo alcanzar el consenso de forma divertida

En el ámbito sexual el proceso de búsqueda del consenso es sexy y divertido por sí mismo. Hablar con tu pareja sobre lo que os apetece, en un ambiente relajado y distendido, es una de las cosas más eróticas del mundo. Por no hablar de las miradas de confianza, de los roces de complicidad o incluso de los gritos de placer que surgen durante la sesión: todo eso es búsqueda de consenso y comprobación de que éste se mantiene. Al final, la charla sobre deseos y límites no se diferencia tanto de la dirty talk que tan común es y que tan excitante nos parece. No hay que verlo como algo mecánico y necesario (aunque sea imprescindible), sino como parte de la actividad sexual y como una fuente autónoma de placer.

Por supuesto, cada pareja tendrá sus trucos y momentos para consensuar las prácticas, pero aquí van algunos consejos que seguramente os serán útiles si no sabéis por dónde empezar:

  1. El consenso es un proceso, y empieza antes de la sesión. Sobre todo si os estáis conociendo, conviene quedar un día específicamente para hablar de límites y deseos. Se suele aconsejar que ese día no juguéis: así iréis a la cita sin expectativas y podréis centraros más en hablar.
  2. Un ejemplo de checklist. Consenso.

    Un ejemplo de checklist.

    Si no sabéis por dónde empezar a hablar podéis mirar alguna checklist o pasaros por un sex-shop y comentar los juguetes eróticos que allí veáis. Seguro que se os ocurren prácticas interesantes.

  3. ¡Disfruta! La búsqueda del acuerdo es parte del juego.
  4. No se fuerza ni se insiste. Un “no” es un “no”. Un “quizás cuando nos conozcamos mejor” es un “no”. Un “no creo que esta práctica me guste ahora mismo” es un “no”. Todo lo que no sea un “sí, joder, vamos a hacer esto” entusiasta y claro es un “no”.
  5. Durante la sesión, seguid en lo posible el guión pactado. En caliente es posible que se tomen decisiones que no se habrían tomado en frío, y es mejor prevenir que lamentar. Total, si os entran unas ganas intensísimas de hacer algo que no está previsto, ¿qué mejor excusa para volver a quedar otro día?
  6. La búsqueda de consensos debe durar todo el tiempo. No hay un “momento de consensuar” ni un “momento de jugar”, sino que también durante el juego es necesario asegurarse siempre de que todo va bien. La dirty talk (¿quieres que te haga esto? ¿Te pone hacer esto otro?) es una forma estupenda de introducir prácticas nuevas. En general, todo va bien si la otra parte está activa y participando en el juego; si esto deja de ser así, se para un momento hasta cerciorarse de que todo el mundo está a gusto.
  7. El consenso es revocable. Puede retirarse en cualquier momento del juego, tanto antes de empezar la sesión como durante la misma. Y, por supuesto, que otra persona y tú hayáis practicado BDSM en un momento concreto no quiere decir que tengáis que volverlo a practicar.

Y ya está, si has alcanzado el consenso seguro que es el momento de conseguir todos esos juguetes sobre los que habéis estado conversando y fantaseando.

¿Que hay sobre ti? ¿Qué trucos usas para alcanzar consensos?

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